sábado, 4 de agosto de 2007
LA CUENTA DE LA COBARDÍA
Es como un bicho, como un viento abrumador el que te despabila del precipicio, por supuesto que ves sombras frente a ti, aunque sea el único momento en que no las veas detrás tuyo, todo, muy claro, el frente, siempre tormentoso. Si dar veinte, treinta o diez saltos atrás validaría la cuenta de la cobardía, entonces, no es necesario probarlo, hay que soltarse, desprenderse del asilo de dudas, dudas que siempre te empujarán a lo insano.
La cuenta de la cobardía es como una corbata, por supuesto que no una cualquiera, sino una singular, una de ésas que tienen manchitas, o rayitas, y que se estampan de diseños que.. te vuelven loco. Es así que ésta corbata te comienza a marear, luego sientes que te rodea mucho, la aflojas un poco, y te la terminas sacando...
Ahí quedó la cuenta.
Las cuentas se pagan, hasta pagar suena desagradable, y se deben pagar las cuentas, sino se acumulan, nadie quiere tener deudas, yo no quiero tener deudas, siempre sobran las deudas. Siempre queremos regalarlas. Acaso conoces a alguien que quiera alguna?
Es así como el bicho te convence insaciablemente que dudes de tu convencimiento, es así como el convencimiento barato sin treguas, hace de la cobardía una cuenta, y es ésta cuenta, la que te perfora el precipicio.
SVELEZ
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